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Semillero de tomate (parte 1)


Llega la primavera, los días se alargan y hace más calor, pero nosotros seguimos en nuestras casas. Tiene que ser así, para no enfermar, para no contagiarnos y para salvar vidas.

Ahora que tenemos tiempo os propongo hacer un semillero de tomates. De esta manera podemos admirar cómo crece una planta, poco a poco, desde que plantamos la semilla hasta que comemos sus frutos. Además, si cuidamos las plantas con mimo, hacia mitad del verano podréis comer los tomates más ricos que hayáis probado nunca.


Necesitamos un recipiente de plástico reciclado, un tetrabrick, un bote de yogur, una tarrina de mantequilla… Es importante hacerle unos pequeños agujeros en la parte inferior para que el agua drene y no se encharque.

También necesitaremos tierra o sustrato. Ya, ya sabemos que estáis confinados, pero en los supermercados venden sacos de tierra y si no podéis salir... coged un poco de tierra de alguna planta que tengáis por casa.
Rellenamos el envase con 5cm aproximadamente de sustrato, dejando espacio para poner las semillas y taparlas después. En mi caso, como soy un afortunado y tengo una pequeña huerta, guardo semillas de tomate del año anterior.

Es probable que vosotros no tengáis semillas, así que os propongo un método muy divertido. Plantar directamente rodajas de tomate, con sus semillas frescas, sin secar. Se puede hacer con cualquier tomate que hayáis comprado en la frutería o supermercado, pero si son tomates pequeños, de la variedad cherry, tendréis frutos antes y será más fácil gestionarlos en casa, en una ventana o balcón.

Cortamos el tomate en rodajas, si es tipo cherry lo cortamos en 4 rodajas, si es un tomate de mayor tamaño, en rodajas de 1cm aproximadamente, y mejor aprovechar las parte central donde hay más semillas.
Una vez tengamos el tomate cortado, lo ponemos directamente sobre el sustrato, alejando cada rodaja para que las pantas crezcan más separadas entre ellas.
Cubrimos las rodajas con tierra, 1 cm es más que suficiente. Si plantamos semillas secas hay que poner 2 o 3 veces el tamaño de la semilla de tierra para cubrirla. Si pusiéramos demasiada tierra, la planta tendría dificultades para crecer.

Regamos de forma generosa pero sin pasarnos para humedecer la tierra. Si queréis, os podéis hacer una mini regadera con una botella de plástico y haciéndole varios agujeros al tapón, como si fuera la cebolla de la ducha.


Ya sólo queda poner el recipiente a la luz y a una temperatura cálida. Al principio, puede ser dentro de casa, justo detrás del cristal de una ventana. La temperatura será siempre constante y la luz que se cuele por la ventana será suficiente para que la planta crezca. También podéis ponerla en el exterior o en la terraza, pero recordad que todavía hace frío a las noches y que una helada o temperaturas muy bajas podrían arruinar nuestro trabajo.


En cuestión de 7-10 días las semillas deberían empezar a asomar. Hay dejarlas crecer, con calma, no hay prisa, disfrutad del proceso y si os apetece haced fotos para ver la evolución y el crecimiento.
Más adelante, en otra entrada veremos qué hacer cuando las plantas crezcan.
¡Animo hortelanos!